Hace unos años, ni tantos ni tan pocos, el teléfono fijo era la herramienta por excelencia para el flirteo entre dos pares (adolescentes y post adolescentes), era el primer paso antes de salir a comer helado. Si las orejas empezaban a doler por la presión de la bocina y si su madre o padre le levantaba el otro teléfono para aconsejarle sobre el verdadero uso del aparato “Es para acortar distancias, no para alargar conversaciones” eran buenas pistas de que algo bueno se estaba cocinando. Y posiblemente pasarían unos cuantos días para una nueva interacción.

Luego sí la cosa tenía un desenlace exitoso, había una previa declaración y “el cuadre” se hacía realidad, las facturas del teléfono subirían y los amantes tendrían que optar por alargar las conversaciones en la sala, en la banca del parque, o en la plazoleta del centro de comercial más cercano.

Tiempos aquellos, porque esos recuerdos serán historias increíbles y difíciles de creer para las generaciones venideras. Y aunque muchos dicen que los beneficios de la tecnología han mejorado exponencialmente nuestra calidad de vida, nos atrevemos a decir que NO, que todo tiempo pasado fue mejor, que el que inventó los chats fue un robot que quería que en 20 años no existieran relaciones sanas entre humanos.

El bendito WhatsApp (en sus inicios el pin) fue el que vino a hacer las veces de ese teléfono fijo, una aplicación pequeña pero poderosa que no solo se encargó de acortar las distancias en cualquier parte del mundo sin un precio exagerado, sino que acortó límites, la magia, las emociones, las expresiones y agrandó un buen número de problemas en las relaciones (no solo de pareja, en general cualquier tipo de relaciones).

Con el fin de argumentar nuestra teoría de que WhatsApp nos jodió la vida nos encargamos de enumerar 10 razones que soportan nuestra triste realidad.

P.D: Si usted está en desacuerdo lo invitamos a que nos diga por qué y nos devuelva la fe en la interacción humana.

1. Del check azul, el online y otros demonios

En noviembre del año pasado las estadísticas de relaciones que tuvieron un quiebre tuvieron una elevación explicable. WhatsApp había decido revolucionar la forma de activar el estrés. No contentos con hacer explícito la hora en que usted se conectaba y si estaba o no online, decidieron agregarle el check azul. La herramienta que indica si ya leyó el mensaje. El ser ignorado virtualmente se convirtió en el peor puñal al corazón y con eso nació una necesidad de atención instantánea.

2. Dime con quién chateas y te diré cuánto nos vamos a agarrar

Dictan las nuevas reglas whatzaperas: a mayor ventana de chats mayor posibilidad de cachos. La necesidad de saber con quién hablan las otras personas dio pie para que se crearan aplicaciones alternas como: clave para WhatsApp, desaparecer conversaciones instantáneamente, y otras herramientas para esconder arroces en bajo virtuales.

3. Qué cómo así, que cómo fue, que qué pasó

Si usted y su novio, tinieblo, amigo, amante o machuque no se entienden por teléfono, olvídese que se van a entender por medio de chat. El WhatsApp se convirtió en el agente desinformador por excelencia y el enemigo del entendimiento. Cualquier cosa que usted escriba podrá ser usada en su contra y ojo si se encuentra en medio de una discusión y el ser al otro lado de la pantalla escribe más rápido que usted los cuervos lo comerán vivo.

4. Bájame el tonito

En algún momento a muchos se nos olvidó que jamás podremos ser genios telepáticos capaces de leer los mensajes que nos envían con la emoción que el emisor quiere expresar. Por eso serán muy frecuentes respuestas como: “No te importo lo que te dije”,”¿Y por qué me hablas así?”, “¿Qué tienes?  ¿te pasa algo? te siento mal”. Señores y señoras: los mensajes carecen de vida propia, y a menos de que se pongan mil signos de exclamación será muy complicado saber en qué “tonito” está escribiendo el o la susodicha.

5. Emo-ticones

El que manda mayor número de corazones se convirtió en el que más amor dar y si usted usuario del chat es ignorante en el campo de los emoticones o los famosos emojis es muy factible que pierda puntos si está tratando de coquetear por ese medio. El nuevo refrán será: el que no sabe usar emoticones, no come.

6. Retroceder, desaparecerse jamás

Qué lindos eran esos momentos en que usted se podía desaparecer del mapa y tenía la certeza de que nadie lo iba a encontrar. Unas horas en soledad a nadie le caen mal, pero hoy desaparecer supone un bombardeó de mensajes, preguntas, cuestionamientos, intrigas. “Fantasmearse” será peor, pues luego le tocará responder mil ventanas de chat.

7. ¿Y qué más?

Síntoma de una relación moderna y whatzapera: hablar todo el día por mensajes, interactuar con fotos, mandarse canciones, contar el chisme del día con una nota de voz, planear la hora y el lugar en dónde se van a ver, encontrarse y no tener más de que hablar.

8. FBI 24/7

Las mentiras piadosas se extinguirán, serán un mito de un comportamiento que alguna vez existió para ocultar ciertas cosas. Si a usted se le ocurre tapar algo caerá como coco en menos de lo que canta un gallo: alguien le pedirá que le mande una foto, alguien subirá una foto suya en las redes, la ubicación lo delatará. Mejor quédese en su casa.

9. Los errores de nuestra época

 

No responder un mensaje en menos de 10 minutos, dejar el cargador en su casa y que se le acabe la batería, tener el celular en vibrador y no escuchar los mensajes, meter mal el dedo y mandar una palabra inapropiada,  equivocarse de ventana y enviar una conversación indecorosa, no usar los suficientes signos de exclamación para expresar alegría, usar el emoticón que no era, mandar una foto sin el filtro adecuado. Bienvenidos seamos todos a la era del chat.

10. Inserte acá su motivo personal.

Información tomada de: Revista Shock