Una Nota, escrita en el portal KienyKe.com el pasado mes de junio muestra un lado muy negativo de nuestro metro.  Se las compartimos y escuchamos sus opiniones.

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Mujeres denuncian constantes abusos.

“Metro, calidad de vida”, es el eslogan de la empresa de transporte paisa que por más de 20 años se ha encargado de enorgullecer al Valle de Aburrá. Siendo el más limpio de Latinoamérica y destacado por la “cultura Metro”, muchos lo califican como el “ejemplo y prototipo” a seguir de las futuras construcciones en el ámbito vehicular.

Sin embargo, el día de ayer (9 de junio), todos esos grandes calificativos desaparecieron al ver el tormentoso colapso que se presentó en el Metro de Medellín, la calidad es la última palabra que inspira este transporte masivo.

Al comienzo, se pensó que los disturbios y protestas presentados en la Universidad de Antioquia y en sus alrededores eran los culpables del repulsivo colapso, pero no, las más de mil personas ubicadas a lado y lado de los torniquetes decían que ese era el “pan de cada día”, irse como “ganado” en un vagón del metro.

Cuando se logra pasar la zona de torniquetes, se cree que será solo cuestión de bajar las escalas y montarse en el tren de la calidad, pero no, ya las miles de personas se encuentran represadas en la plataforma sin poder abordar, ¿Por qué?, la respuesta es muy sencilla, la gente no cabe y lo más triste es que se acostumbraron a viajar como “ganado”.

Después de ver pasar siete metros y escuchar toda clase de insultos, ver empujones, golpes, peleas y robos, el miedo a montarse y recibir acoso es cada vez menor, cuenta Cindy Paola Chávez, a quien el Metro le quito su transporte habitual y ahora se resignó a este hacinamiento. “Es obvio que los morbosos aprovechan para tocarlo a uno pero cómo detectar y reclamar si literalmente queda uno encima del otro; tocando sudor, malos olores y soportando la mirada acosadora de hombres que gozan de esto”, dice la mujer quien minutos antes había peleado con un policía que se rio de la situación de colapso, “le digo al policía que sirva pa´algo y ayude a controlar la situación y responde que si yo sé que el Metro es así para qué me monto,-pague taxi entonces-”, cuenta la mujer molesta.

Caminar, no es algo que se utilice para entrar al vagón, cada persona tiene que lanzarse como una bola de boliche y a la vez, asumir el papel de pino para permanecer de pie. Una vez adentro, respirar se hace difícil, “hay un infierno de gente ansiosa por llegar a casa. No importa cuál sea la manera de transportarse, lo importante es llegar”, cuenta Sergio Ríos, quien apenas puedo pronunciar palabra dentro del vagón.

Sergio, parece tener razón. Dentro del “infierno” como él lo califica, todo el mundo se ríe de la situación, tal parece que se han acostumbrado a vivir de las apariencias de una frase que más que falsa resulta chistosa, dos horas argumenta la gente se demora para llegar a la casa, en un transporte elevado que no compite con otros vehículos y que además envía trenes cada 4 minutos.

Si bien, el servicio no es malo porque hay muchos trenes, hay actividad cada 4 minutos y además el Metro de Medellín le presta dinero si no tiene para viajar, lamentablemente se enfrentan con otro fenómeno de ambición, al ser esta empresa quien se quedará con más de 20 rutas en la ciudad y obligar al usuario a hacer uso de un transporte que la organización llevó al colapso.