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La mayoría de jóvenes lo hacen para retratar momentos con amigos y familiares.

Estefany Bolívar, estudiante de la Universidad Pontificia Bolivariana, se toma 25 selfies, o autorretratos, al día.

Los comparte en Snapchat, una aplicación móvil con más de 50 millones de descargas dedicada al envío de fotos y mensajes que se destruyen entre uno y diez segundos después de haberlos leído.

Como ella, jóvenes y viejos, han adoptado la moda de los selfies, tendencia que anteriormente era común entre las estrellas de cine y, que llegó a tierra paisa.

Mientras que para Estefany estos son una manera de expresar los sentimientos y emociones, para Juan Camilo Calderón, estudiante de ingeniería de la UPB, la tendencia es superficial y es un problema de inseguridad y reafirmación de la personalidad en el ser humano.

Las opiniones son divididas. Sebastian Salazar, estudiante de periodismo, asegura que las que más utilizan los autorretratos son las mujeres, pues esperan “un millón de halagos y muchos ‘likes’ en sus redes sociales”: Facebook, Twitter, Instagram, entre otras.

“Ellas quieren demostrar que son bonitas (o) a un público específico, ese es el principal objetivo de los selfies”, expresa Salazar.

Además, los jóvenes que regularmente se los hacen dicen no sentir nada, algunos sostienen que hay una satisfacción tan grande que se puede convertir en un estilo de vida, incluso en obsesión.

Para otros simplemente la tendencia le es indiferente. Opinan que cada persona es libre y autónoma de tomarse fotos en cualquier actividad la cantidad de veces que deseen, “pues no le están haciendo daño a alguien”.

Diego Fernando Montoya Bermúdez, docente del Departamento de Humanidades de la Universidad Eafit, que realizó una investigación sobre la vida cotidiana y los hábitos de los jóvenes en internet, revela que la tendencia de los selfies no es nueva, sino que se actualizó con las nuevas tecnologías y la facilidad para acceder a las mismas.

“El autorretrato es algo que hasta los reyes querían. Por ejemplo, Luis XV de Francia buscaba pintores del renacentismo para que lo retratarán. Tenía miedo a quedar en el olvido”, afirma Montoya.

Otros antecedentes según él, también se remontan al surgimiento del cristianismo, cuando las personas tenían la necesidad de conservar y cuidar su memoria.

“Los seres humanos siempre tienen miedo a quedar en el anonimato, y en los selfies pueden expandir, promover y preservar la imagen”, añade.

Para el analista, en la actualidad, la tecnología se vuelve imagen e inmortaliza la muerte. Ya las personas no hacen diarios de campo, ahora basta con un selfie para describir un lugar, mostrar el paisaje y los acompañantes.

“El afán de mostrarse al mundo, está ligado al apego a la vida, por eso se convierte en una forma de exorcizar a la muerte”, enfatiza.

Finalmente este fenómeno se agudizó por plataformas como Facebook, Twitter, Instagram y un sin fin de aplicaciones móviles, que se alimentan de la tecnología celular (con microcámaras) a la que décadas atrás no se tenía acceso.

“Ahora todos tienen una cámara fotográfica, en el bolsillo, es muy fácil hacer una pose, en un lugar determinado y retratar un momento, un paisaje o dejar en el recuerdo de una fecha especial”, finalizó Montoya.

ANDERSON MONTOYA ROMÁN
Redactor
MEDELLÍN

El Tiempo