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Medellín y el Aburrá se calientan con celeridad: a un ritmo tres veces mayor al del planeta. El calor agobia en días soleados. Crecimiento urbanístico sin compensación verde, gran causa.

POR RAMIRO VELÁSQUEZ GÓMEZ | Publicado el 15 de septiembre de 2014

“No me aguanto. Esta ciudad está muy caliente. Le faltan árboles”, dice Alicia, una señora que llama a denunciar la situación.

No es solo el efecto de temporada. No. Medellín se calienta a ritmo acelerado por varias circunstancias. De hecho la temperatura ha venido subiendo 0,2°C por década desde 1942, según datos de la estación del aeropuerto Olaya Herrera, reveló el profesor e investigador de la Escuela de Ingeniería de Antioquia y la Universidad de Columbia, Daniel Ruiz Carrascal.

Ese aumento es tres veces mayor al del planeta.

“Las tendencias más críticas se observan en los registros de temperatura mínima”, dijo. Esta ha venido aumentando 0,7°C por década.

No solo son los efectos del calentamiento global. Hay otras razones. Una es el efecto isla de calor urbana, que hace que la temperatura en la ciudad sea más alta que en zonas circundantes, fenómeno estudiado en otros países, pues preocupa por los problemas que puede causar en la salud y sobre las vidas de distintos organismos, así como con el mayor consumo de recursos energéticos.

Según la Agencia de Protección Ambiental de E.U., la temperatura media anual de una ciudad de un millón o más habitantes puede ser 1 a 3 grados más que los alrededores. En una noche, la diferencia puede subir a 12. La isla de calor urbana es cambio climático local.

Si bien el mayor calor inmediato se siente cerca a la superficie en el día con el brillo solar, en la atmósfera más arriba de los techos (hasta 1 kilómetro de altura) se siente en las noches por la liberación de ese calor acumulado en el día.

En un día caluroso la temperatura de techos y pavimento puede alcanzar entre 25 y 50°C.

Los materiales con los que se construyen edificaciones, obras de infraestructura y se pavimentan las calles y la circulación de autos son factores esenciales en el efecto isla de calor, sumados a la disminución de árboles y de zonas verdes que reducen las sombras y la humedad para enfriar el ambiente. Se estima que el 30 por ciento del agua caída la devuelven las áreas verdes en el proceso de evotranspiración.

¿Pero qué sucede en Medellín y la zona metropolitana central? La creciente urbanización con pérdida de espacios verdes por la insuficiente compensación y el aumento en el parque automotor son grandes determinantes de la situación.

AMPLIACIÓN DE VÍAS SIN COMPENSACIÓN
El ensanchamiento de calles como la 33, la Avenida del Ferrocarril, la 30 o Las Vegas en Sabaneta, para citar unos casos, redujo las áreas verdes y entregó más superficie recolectora de calor. En Las Vegas hasta las 9 de la noche los caminantes reportan que en las aceras se siente la radiación del calor recogido en el día. En ella no se sembraron árboles sino matas ornamentales. Y es solo un ejemplo.

PÉRDIDA CONTINUA DE ZONAS VERDES
En este siglo ha sido característico construir aceras amplias en desmedro de la grama, que tiene efecto enfriador (lo muestran investigaciones en publicaciones como Ecological Applications). Y como dice el investigador David Armson en su tesis de doctorado, retiene el agua lluvia, lo que luego incidirá en su liberación para refrescar. La grama desaparece. El centro de Medellín y el de municipios vecinos ha perdido casi todas esas áreas. El centro, según reportes del Siata, tiende a ser uno de los sectores más calientes del Aburrá influyendo la geometría urbanística: edificios actúan como trampa de calor al contener los vientos. Y grandes superficies como los parques de Los Deseos y La Libertad tienen cemento y poca vegetación.

UN TIPO INADECUADO DE ARBORIZACIÓN
Aunque hay árboles frondosos y altos en diferentes zonas (como recomienda el experto David Nowak ), siendo más comunes en aquellas no intervenidas, la arborización en vías nuevas como las del metroplús no es la adecuada e incluso en esta se plantaron matas ornamentales. El sombrío que pueden brindar para refrescar el microambiente es mínimo. No se deja espacio en las aceras para árboles grandes. Así es muy diferente la temperatura que se siente al caminar bajo la arborizada Avenida Jardín o en el Carlos E. que en la ampliada vía Envigado-Sabaneta. Convertir a Medellín en un jardín sale costoso.

LOS TECHOS CON COLORES INCONVENIENTES
Los techos no son del color indicado para reducir el calentamiento, al no haber política pública sobre el tema, que sí comienza a darse en países desarrollados que fomentan los techos blancos. Predominan los cafés de las tejas tradicionales y las plantas de cemento de muchos edificios, lo que ayuda a retener más calor. Un vacío.

CONSTRUCCIÓN HACIA LAS LADERAS
Zonas verdes extensas como las de las laderas del norte se han venido perdiendo de manera acelerada. No solo las construcciones irregulares en esas zonas y las de centrooriente y centrooccidente, sino que ha habido nuevos y vertiginosos desarrollos: en Belén, desde El Rodeo hasta la 33, y en Robledo, donde hay manchas completas de edificios sobre la carretera al mar. Bello, Itagüí, Envigado y Sabaneta son municipios donde se presenta alta conversión del suelo. En el área metropolitana, en el primer trimestre, se iniciaron obras que abarcan 772.000 metros cuadrados.

CRECIENTE PARQUE AUTOMOTOR
En el área metropolitana circulan 1.181.000 automotores, número que cada año aumenta 80.000 unidades en promedio. Los vehículos también contribuyen a la isla de calor, aunque no son el principal factor. La contaminación que emiten puede cambiar las propiedades de radiación de la atmósfera y distintos estudios han demostrado que en muchas ocasiones esta queda atrapada sobre la ciudad por el encerramiento en el valle

 

Vía: El Colombiano