La silleta de madera fue desde mediados del siglo XIX, vehículo para transportar carga y personas por los agrestes parajes antioqueños, sobre las espaldas de recios cargadores que hoy parecen personajes de leyenda.

Con la apertura de caminos de herradura y de carreteables, la aparición de vehículos de tracción animal y más tarde motorizados, la silleta como medio de transporte perdió vigencia, pero siguió siendo utilizada por los campesinos como herramienta de trabajo.

En las décadas del 40 y 50 del siglo pasado durante la bonanza floricultora en el corregimiento de Santa Elena, los campesinos las utilizaron para bajar sus flores a Medellín y comercializarlas en barrios, cementerios y lugares de acopio como la tradicional Plaza de Cisneros. Eran silletas de menor tamaño que sus precursoras, en las que se acomodaban manojos de distintas especies de flores: estrella de belén, gérberas, pompones, lirios, cartuchos, gladiolos, azucenas, rosas, heliconias, que hacían de los primeros silleteros personajes coloridos y llenos de un encanto especial, que semejando inmensas mariposas deambulaban por la ciudad ofreciendo sus productos.

Tal vez este espectáculo, que ellos sin proponérselo brindaban, fue lo que inspiró a don Efraín Botero, en aquel entonces administrador de la plaza Cisneros, para idear en el año de 1957 el primer desfile de silleteros, como parte de la Fiesta de las Flores de Medellín. Esta feria fue creada por el señor Arturo Uribe Arango, para fortalecer la ciudad como destino turístico, y realizada en la última semana de abril.

Desde entonces se celebró cada año articulado a diferentes celebraciones. El 18 de julio de 1960, por ejemplo, hizo parte de la celebración de los 150 años de la independencia de Colombia. Es a partir de 1965 que el Desfile de Silleteros se empieza a hacer en la primera semana de agosto como el acto más representativo de la Feria de las Flores.

Aunque los periódicos de la época no hablan de un desfile sino de una exposición de silletas o concurso de silleteros, oficialmente se da como año de iniciación del desfile el año de 1957, tal vez porque esta exposición fue su génesis.

David Sánchez, Juan Alberto Hincapié, Crispiano Ramírez, Anita Flórez y Oscar Londoño entre otros pioneros, algunos aún vivos, grabaron sus nombres en la memoria colectiva, atados al legado de una de las más hermosas tradiciones: la del silletero.

Cabe también destacar familias de amplia tradición silletera transmitida de generación en generación como los Londoño de la vereda Barro Blanco, los Zapata y Atehortúa de la vereda El Placer, los Sánchez e Hincapié de la vereda de San Ignacio y unido al de todos ellos sin ser de Santa Elena el del organizador de los primeros desfiles silleteros don Efraín Botero. Con el correr de los años, la silleta dejó de ser una herramienta de trabajo y se convirtió en un objeto estético que le ha dado la vuelta al mundo como símbolo de la cultura silletera y que ha permitido que muchos silleteros hayan viajado por diferentes países como embajadores del arte y la cultura colombiana.

El desfile que iniciaron 20 soñadores sin ninguna remuneración y algunos aplausos, ha evolucionado hasta alcanzar 500 participantes, con cuatro tipos de silletas y el apoyo multitudinario de miles de espectadores nacionales y extranjeros que colman las calles animando a los silleteros con aplausos y gritos de admiración y júbilo.

En homenaje a todos ellos, que lograron con su esfuerzo y su voluntad de crear identidad y cultura, el Gobierno Nacional declaró al Silletero de Santa Elena y al desfile de Silleteros como Patrimonio Cultural de la Nación, mediante la ley 838 del 2003. Así mismo declaró al corregimiento y a sus habitantes como origen y gestores de la tradición silletera.

Por: Guillermo Quintero


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