Por: David Aristizabal

En cualquiera de las avenidas o calles del sector de Belén en Medellín, muchos de los que por allí frecuentan o hacen su ruta, habrán visto de manera crítica, asombrada y hasta despectivamente cualquiera de estos cuadros. Seguramente usted como yo, muchas veces habrá visto esta inusual familia, que al parecer en estado de indigencia, sus mas allegados seres son un montón de perros “callejeros”, unos que van cómodamente en una carreta llena de “chécheres” y otros siguen al guía de este artefacto rodante y su compañera a paso lento. Pero tal vez lo que muchos se preguntarán y desconocen es la forma en que pueden vivir con tanto animal, seguramente se imaginarán como alguna vez lo hice, que deberán ser portadores de suciedad y enfermedades al llevar consigo tantos perros sin raza o como muchos les dicen… chandosos.
Lo que muchos desconocen y que yo me atreví a investigar es la verdadera forma en que estas personas viven, aunque aclaro y reconozco, no fue tanto de mi interés su calidad de vida, sino la de esos amistosos y consentidos peludos de cuatro patas, lo que trataré de resumir a continuación:

Foto: David Ariztizabal
Foto: David Ariztizabal

Hace más de catorce años, “Memo” como se dice llamar, supongo que es una abreviación de Guillermo. Recorre las calles de Belén y sus alrededores, acompañado de un montón de perros, quienes para él, son como su familia. Al parecer, recientemente falleció su primer comapeñero de andanzas, a quien recogió en la calle y lo acompañó durante catorce años, hasta el día de su muerte.Aprendiendo a valorar y compadecerse de muchos pobres canes que han abandonado en diferentes circunstancias, él ha rescatado o ayudado a conseguir un hogar.
A cada uno de ellos les bautiza con con nombres bastante particulares. Hoy lo acompañaban: Toti Bola de Barro, Hueso, Aurelio Ventanilla, Carro, China Gata y la “niña”, que aún no le ha puesto nombre, porque hoy precisamente la recogió en la calle y que tratará de buscarle un hogar donde le puedan brindar una mejor vida, porque si le pone un nombre se queda; dice Memo.

Qué asco! dirán muchos al ver esta escena y se fastidiarán pensando que son un montón de perros callejeros mal olientes, enfermos y apestosos. Pero irónicamente, la realidad es otra. Sin poder creer que un hombre y su compañera de este nivel social puedan tener decentemente una mascota, a cada uno de ellos han desparacitado, alimentado, bañado y esterilizado. No les falta ni una vacuna, asegura Memo y todos tienen el chip de identificación.
No recuerdo con exactitud la periodicidad, pero afirma que cada tantos días, los lleva “al chorro” y los baña, asegurando por lo menos una higiene y salud menos lamentable para estos amigos y compañeros de diario vivir.

Foto: David Aristizabal
Foto: David Aristizabal

Memo y su comañera de vida, le han puesto los nombres tan particulares a cada perro, derivado de la situación en que han llegado a sus vidas.
Toti Bola de Barro: fue hayado entre un bulto lleno de lodo en una quebrada.
Hueso: fue abandonado muy pequeño entre un basurero en una bolsa que tenía huesos.
Aurelio Ventanilla: fue arrojado desde la ventanilla de un vehículo.
Carro: fue dejado en abandono amarrado al cuello del bomper de un carro.
China Gata: fue tirada por alguien desde una moto en movimiento, al caer se descaderó, Memo la socorrió y llevó a que le hicieran el tratamiento correspondiente. La perrita sanó las heridas de cirugía lamiéndose como un gato.

Así es como este hombre de facciones acabadas, pobre en vestimenta, pero con un corazón y alma rica en bondad, le da un nombre significativo a cada uno de los canes que recoge y socorre.

Foto: David Aristizabal
Foto: David Aristizabal

También es asombroso como un hombre, que al parecer no tuviera suficientes recursos económicos, tal vez por amor a los perros, mantiene en su carreta un bulto de concentrado y alimenta a seis perros, varias veces al día. De esta manera, ninguno de ellos pasa hambre o sufre por carencia de alimento. Me parece increíble, porque aunque no sea de gran marca el concentrado, por lo menos lo tiene y dice que cuando se está acabando este bulto de comida, ya debe ir consiguiendo el otro para que no les falte. Paradójicamente, muchos se lamentan porque sale costoso mantener el concentrado de un solo perro en casa.

Foto: David Aristizabal
Foto: David Aristizabal

Así todos los perros se alimentan, en diferentes recipientes de plástico, no necesariamente las conocidas cocas con el nombre de la mascota, pero a cada uno de ellos les sirve su ración y hay suficiente para todos, tanto así que hasta algunas cuantas croquetas se caen al piso. La “niña” aún está reconociendo su nueva familia y no ha comido mucho, pero no le faltará alimento, mientras se define un nuevo hogar o si se queda con Memo.

Foto: David Aristizabal
Foto: David Aristizabal

Increiblemente, todos comen, todos están limpios, son amigables y cariñosos.

No se y no me consta que todo esto que he relatado sea cierto, lo que si es evidente es que cada uno de estos peludos quiere tanto a su amo como él dice quererlos a ellos. Si algún día ven a Memo en la calle con su Clan canino, no se sientan asquientos, creo que esta persona hace una buena labor y merece recibir una ayuda en su propósito. Seguramente un paquete de alimento para perros no le caería mal para el sustento de estos criollos pero amigables perros.

Tal vez esta publicación no la vean muchos o tal vez no la crean. Sin embargo, Memo agradecería y yo también si la comparten.


Relato y fotografía: David Aristizabal
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