En el 2015, Forbex  la revista número uno en el mundo de los negocios ha dedicado un artículo sobre Medellín, mostrando el progreso de nuestra capital y como dejamos atrás tanta violencia.

En 20 años, Medellín pasó de ser la ciudad más violenta del mundo a la más innovadora. ¿Cómo dejó atrás la pobreza y las balas para adoptar el desarrollo como motor? ¿Qué puede aprender Centroamérica de la experiencia de Colombia? Ésta es su historia.

El 21 de febrero de 1990, la explosión de un coche-bomba dejó un saldo de 17 muertos en Medellín, Colombia. Ésta es una estampa recurrente de la historia de terror que sembró el narcotraficante Pablo Escobar, sumado al conflicto guerrillero que vivió en sus tiempos más álgidos la región sudamericana. La principal causa de mortalidad en la ciudad de aquella época era el homicidio.

En esos años, Medellín sufría una tasa de homicidios mayor a 300 por cada 100,000 habitantes, con 282,000 personas en pobreza extrema a principios de 2000. En las últimas dos décadas, la historia de Medellín ha cambiado abruptamente. Hoy, Escobar dejó de ser el personaje más popular de la zona; el corporativo de hp y los edificios de otras empresas tecnológicas son los nuevos vecinos en el barrio.

“Medellín no busca convertirse en el nuevo Silicon Valley, sino que quiere ser el epicentro de innovación de América Latina”, dice el alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria.

El político colombiano parece no estar equivocado en lo que asegura. En 2013, The Wall Street Journal y Citigroup nombraron a Medellín como la “ciudad más innovadora del mundo”.

No se trata de una ciudad de primer mundo como Nueva York, Pekín o Londres. Es Medellín, la región de Latinoamérica que aspira a cambiar las armas por los chips.

El edificio de Bancolombia resplandece en las vías principales de Medellín. Es el edificio corporativo más grande de Colombia, con 135,379 m2, donde trabajan simultáneamente hasta 2,100 personas en su pico más alto y alberga a 4,200 personas. Representantes de firmas tecnológicas y emprendedores recorren sus pasillos en busca de financiamiento para sus empresas.

En el pasado, esta zona era el símbolo industrial de la ciudad, pero esta vez representa algo más: el nuevo enfoque de negocios en la metrópoli.

La ciudad, ubicada en el Valle de Aburrá, redujo su índice de violencia en 80% en los últimos 20 años. Su tasa de homicidios es menor a 100 por cada 100,000 habitantes, y la población que vive con menos de 1.25 dólares diarios bajó de 47% en 1990 a 22% durante 2010. Alrededor del emblema económico de Medellín existen conjuntos departamentales de tabique rojizo con más de 40 pisos, que al ser tocados por los últimos rayos del sol de cada día iluminan la ciudad con un toque carmesí. Una imagen apacible que la violencia del pasado tal vez no hubiera permitido mirar.

El aumento del delito en Medellín inició cuando se enfrentaron la supremacía del narcotráfico y la presencia guerrillera en la ciudad, explica el doctor en Filosofía de la Universidad EAFIT, Jorge Giraldo Ramírez, en su texto Seguridad en Medellín: el éxito, sus explicaciones, limitaciones y fragilidades.

Para la década de los 90, el homicidio y otras formas de violencia representaron el principal problema social, económico, de salud pública y de seguridad en la ciudad, asegura el texto Homicidios en Medellín, Colombia, entre 1990 y 2002: actores, móviles y circunstancias.

Fue 1991 el momento más crítico para Medellín, debido a que se reportó el mayor número de muertes causadas por homicidio, que fue de 6,658. A partir de ese año inició la disminución en la tasa de este delito, para que en 1995 bajara en 30%. ¿Cómo se logró este descenso?

Son cuatro hechos los que lo explican: los acuerdos de paz en 1990; la desarticulación del Cartel de Medellín y la muerte de Pablo Escobar en 1993; la Operación Orión en la Comuna 13 en 2002, y la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara, detalla Giraldo Ramírez.

Aunado a esto, en esos mismos años se dio una importante llegada de capital local y extranjero, coronada con la creación de Ruta N en 2009 y una inversión de 30 millones de dólares (mdd) de Hewlett Packard, que instaló una planta en Medellín, en julio de 2010.

La llegada de firmas tecnológicas a la capital de Antioquía se convirtió en un hecho frecuente.

La tecnología también ha permeado el paisaje. Dos proyectos de infraestructura público-privada se han vuelto emblemáticos en la ciudad: la construcción del Metro de Medellín (1995) y el Metrocable (2004), un teleférico que conecta a las comunas con el centro urbano.

También destaca la colocación de escaleras eléctricas en la Comuna 13 de San Javier, la zona más pobre de la ciudad, que redujo los tiempos de traslado de sus pobladores, creó un sentido de pertenencia y una conciencia social para cuidar el patrimonio común. Algo imposible de imaginar en el pasado.

Lo que Citi y The Wall Street Journal le reconocieron a la ciudad fueron las innovaciones de tipo social y de desarrollo urbano, como el Metrocable y las Escaleras Eléctricas de San Javier, a los cuales se les dio ‘un nuevo uso’ para convertirlos en un medio de transporte masivo, lo que los hizo productos innovadores, explica, Aníbal Gaviria.

Aquí la gente no se empuja, no se atropella al caminar. Se respira un gran sentido de pertenencia por las calles, al tomar el metro o al viajar en su teleférico. Es una ciudad limpia y ordenada. Es el blanco de las inversiones de las trasnacionales tecnológicas.

Con la disminución de la criminalidad, la mejora en la infraestructura de la ciudad y la eficiencia en el transporte público, acompañadas de la construcción de una conciencia social, se estaba pavimentando el terreno para el nacimiento del nuevo Medellín: la capital global de la innovación.

Su jardín botánico es un centro para tomar un buen libro y leer, tener una plática amena o degustar platillos gourmet. La gente ha vuelto a tomar las calles.

Un toque tecnológico

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas. Tras la disminución de la violencia, el próximo reto para Medellín es la creación de capital humano capacitado, con el cual trazará la ruta hacia una economía de servicios, luego de que su productividad estuviera relacionada con la industria pesada, con empresas cementeras y siderúrgicas.

Sin embargo, las autoridades ven una oportunidad en el emprendimiento. Por eso, en 2009, la Alcaldía de Medellín y las empresas UNE Telecomunicaciones y Empresas Públicas de Medellín crearon un “semillero de la innovación”, al que llamaron Ruta N como una forma de nunca olvidar que su objetivo como ciudad era siempre crecer hacia arriba, hacia el norte.

Ruta N es el último paso de la estrategia del gobierno para dar el “salto cuántico” hacia una economía basada en los servicios y la innovación, explica la gerente del Distrito de Innovación, María Paulina Villa, quien señala que este centro tiene dos pilares fundamentales: el plan de ciencia, tecnología e innovación, por un lado, y la cultura, por el otro.

El primero de estos pilares permitió enfocar a Ruta N en las áreas de energía, salud y tecnologías de la información, debido a la falta de médicos e ingenieros en la cuidad, que son necesarios para crear una economía basada en servicios. “La decisión de enfocarse en esos tres rubros se debe a que en Medellín hay oportunidades, tanto en las empresas como en las universidades para desarrollar la innovación”, detalla la funcionaria.

El otro pilar, que es la cultura, permitió detectar las barreras en las prácticas sociales que no permiten que la innovación germine, pero también identificó su potencial. Para lograr estos objetivos se creó el programa Horizontes, que busca posicionar a la ciencia, la tecnología y la innovación como una oportunidad de vida entre la población joven.

Gracias a esta labor, se crearon las condiciones necesarias para que un gigante tecnológico mundial se instalara dentro de Ruta N. Así, en 2010, Hewlett Packard realizó una inversión de 30 mdd. La llegada de la empresa californiana se dio en un contexto donde la semilla de la innovación estaba sembrada, por lo que HP se convirtió en soporte para el desarrollo de capital humano en la ciudad.

En Ruta N, opina Villa, el ecosistema de innovación se mantiene gracias a que universidades y empresas de Medellín se pueden conectar de forma “orgánica”.

“La innovación es como el virus del ébola que puede transmitirse de persona a persona. En Ruta N, un emprendedor puede estar desayunando con el directivo de HP y de ahí crear una gran conexión”, cuenta Villa.

Al instalarse en Medellín, Hewlett Packard dio un mensaje a todas las empresas del mundo: éste es un lugar seguro e idóneo para innovar y hacer negocios. Por eso, en los dos últimos años (2013- 2014), un grupo de 48 empresas llegó a Ruta N y generó 1,090 empleos formales.

El asentamiento de estas empresas se dio gracias a las facilidades que brinda Ruta N, que cuenta con un programa de “landing”, que permite a las compañías ser productivas desde el primer día en que operan, debido a que se les da un espacio y se les contrata un grupo de alrededor de 60 personas calificadas para realizar las actividades que requieran conforme a su naturaleza, explica Villa.

Este espacio para la innovación no se limita al centro, ya que, además de Ruta N, existe un terreno de 168 hectáreas que destinó el gobierno para recibir a más empresas con espíritu y vocación emprendedoras. La meta, dice la directiva, es que Ruta N llegue a 1,500,000 m2 en un plazo de 10 años.

La tarea no es fácil de mantener, pero hay un plan que está en funcionamiento.

Rumbo a City Smart

Ser nombrada la ciudad más innovadora del mundo no le basta a Medellín. El camino no se ha terminado. Ahora tiene una nueva y ambiciosa meta en el horizonte: convertirse en una ciudad inteligente.

Para lograrlo, además de apostar por el continuo desarrollo del clúster de tecnología que ya posee, necesita impulsar un nuevo centro de información y comunicación que contribuya a solucionar las problemáticas en educación, seguridad, movilidad, medio ambiente, participación ciudadana y equidad.

Las vías para lograrlo se resumen en dos incisos: el programa “Conectividad e innovación para la inclusión digital del ciudadano” y la realización de la obra Medellinnovation.

El programa de conectividad e innovación, lanzado por la alcaldía de Medellín a partir de 2013, busca ampliar la cobertura de la conectividad y de los recursos tecnológicos en los espacios públicos de la ciudad, incorporando nuevos modelos de acceso masivo, avanzado y sostenible para la ciudadanía.

La meta de este programa es tener 544 espacios públicos con internet gratuito para finales de este año, con el objetivo de apalancar la urbe como una ciudad de avanzada frente a metrópolis del mundo.

El otro camino se centra en la construcción de Medellinnovation, un espacio de la ciudad destinado para desarrollar inversiones locales y extranjeras con énfasis en ciencia, tecnología e innovación.

Este centro complementará a Ruta N, que es la incubadora de la innovación en la ciudad.

El gobierno espera que en Medellinnovation haya 1,000 m2 de infraestructura y equipamiento para crear más de 28,000 empleos en ámbitos relacionados con energía y salud.

A pesar de la llegada de importantes firmas tecnológicas, Medellín aún está lejos de las ciudades con una mayor facilidad para la apertura de un negocio.

En la apertura de un negocio la capital de Antioquía está en la posición número 11, mientras que la ciudad de Armenia está en la posición número 1, de acuerdo con el Doing Business del Banco Mundial.

El camino de Medellín rumbo a ser el epicentro de la innovación aún es largo, debido a que deben mejorar sus prácticas en la apertura de negocios, así como seguir trabajando en la integración de los jóvenes a carreras encaminadas hacia la tecnología.

Pero, sin duda, el mayor reto será que no regrese el fantasma de violencia que atormentó a la ciudad y que los años de los muertos de Pablo Escobar se queden muy lejos, guardados sólo en los libros de historia.

Recuperado de Forbes México | Israel Pantaleón | 22 de Diciembre 2015