Uno de los mayores retos es generar conciencia en la ciudadanía sobre la importancia de rechazar los actos de explotación sexual infantil y denunciarlos ante las autoridades correspondientes.

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La Plaza de Botero se convirtió ayer en el punto de partida de una movilización que reunió a varias organizaciones, a la institucionalidad y a la comunidad en general, en torno a un solo fin: alzar la voz para rechazar la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes (NNA) en la ciudad. El Parque de las Luces fue el punto de llegada y el lugar donde se firmó un pacto de voluntades, el cual busca reafirmar que, frente a un problema tan complejo, Medellín se une en aras de contribuir a su erradicación, en el marco del Día mundial contra las violencias sexuales y la explotación sexual comercial infantil.

 

La marcha, que fue liderada por la Mesa intersectorial para la prevención y atención de la explotación sexualcomercial de niños, niñas y adolescentes, “se convierte en un evento muy relevante, porque participan todos los sectores privados y públicos, las ONG, la Policía y toda la ciudadanía diciendo que no permitimos los actos que atenten contra los derechos de los niños”, expresa Luz Aída Rendón, subsecretaria de grupos poblacionales de la Secretaría de Inclusión Social y Familia de la Alcaldía de Medellín.

 

Y es que solo la articulación permite avanzar en el trabajo para atender y prevenir este problema, pues “todas las entidades aportan desde lo que más saben: investigación, experiencia, gestión, vigilancia, seguridad, entre otros aspectos”, afirma Iván Felipe Muñoz, secretario técnico de la mesa intersectorial.

 

Difícil identificación

 

Adicional al problema de la explotación sexual comercial de NNA, hay en Medellín otra dificultad que debe ser solucionada: la naturalidad con la que la sociedad ha empezado a ver el tema y la poca comprensión que tiene sobre la diferencia que existe entre un adulto que ejerce la prostitución y un menor de edad que es explotado.

 

¿Qué es entonces la explotación sexual de NNA? Según Unicef, “es todo tipo de actividad en que una persona usa el cuerpo de un niño, niña o adolescente para sacar ventaja o provecho de carácter sexual, basándose en una relación de poder”. En esta situación, en Medellín se identificaron 374 menores en el año 2012 y 182, en el 2013, lo que indica una reducción del 52 %.

 

Sin embargo, los casos identificados son en su mayoría de la modalidad en vía pública, la cual es mucho más visible, pero existen otros tipos más clandestinos, lo que impide establecer la magnitud del problema con exactitud. “No se sabe cuál es la cifra de la pornografía infantil, ni de la trata de NNA con fines sexuales, ni de la utilización de ellos en turismo con fines sexuales. Realmente es difícil especificar estadísticas de estas formas, excepto la modalidad abierta”, anota Muñoz.

 

En los casos atendidos por la Secretaría de Inclusión de Medellín, se han determinado las comunas 4 y 10 como los sectores de la ciudad más recurrentes en la explotación sexual a menores de edad, tales como los sectores de San Pedro, la Minorista, San Benito, la carrera Bolívar, Barbacoas, el parque Bolívar, Tejelo, el parque Berrío, Guayaquil y San Lorenzo. Según Muñoz, el trabajo de la mesa intersectorial ha permitido identificar que los casos por cada zona oscilan entre diez y cuarenta.

 

En los casos registrados se nota una mayor incidencia de niñas, aunque también hay niños, principalmente entre los 14 y los 17 años. “Para que un niño llegue a una desprotección de este nivel, tiene que haber sufrido otros tipos de abusos, estamos hablando de que el 100 % de ellos ha sido maltratado física o psicológicamente y la mayoría ha sufrido abuso sexual, muchos de ellos presentan consumo de sustancias psicoactivas y hay algunos vinculados a la ilegalidad”, expresa Rendón y agrega que generalmente esta población, que está en condiciones muy vulnerables, tiene problemas de autoestima, en los casos que atiende la Secretaría de Inclusión, el 30 % de NNA explotados sexualmente ha manifestado ideas suicidas.

 

Asimismo, se ha encontrado que en Medellín existen muchos sitios en los cuales se propicia la explotación sexual a menores de edad, tales como hoteles, discotecas e inquilinatos, donde los NNA se exponen a otros riesgos como el consumo de alcohol y sustancias psicoactivas. Pese a esto, “es difícil que se den los procesos de judicialización”, anota Rendón. Y a esto se suma la poca cultura de denuncia, por lo cual, Muñoz considera que otro de los actores en el tema es el testigo silencioso, que puede ser cualquier “persona de la comunidad que sabe que un menor está en esa situación, pero no dice nada”.

 

Falta mucho por hacer

 

En Medellín son muchas las organizaciones que trabajan en contra de la explotación sexual comercial de NNA y se han emprendido acciones que buscan erradicar la problemática. En el 2011, se firmó un pacto de voluntades igual al que se firmó de nuevo ayer y eso permitió el compromiso de trabajar articuladamente. Actualmente, desde la Administración se han asignado recursos y existen programas con componentes de promoción, atención y prevención. Además, las organizaciones de la sociedad civil tienen sus proyectos con financiación nacional e internacional.

 

Sin embargo, “esas medidas no son suficientes, porque la problemática es muy compleja, las acciones no han logrado llegar al 100 % de los lugares de Medellín, todavía la sociedad es muy permisiva con eso y las acciones para esta población, que requiere una atención muy especial por toda la historia de vida que han tenido, deben fortalecerse más”, puntualiza Muñoz.

 

Cuando los menores de edad son atendidos, una de las mayores dificultades es “luchar contra la ganancia económica a la que están acostumbrados, es muy complejo arrebatarlos de las calles”, expresa Rendón. Aun así, la tarea también implica que la ciudadanía comprenda que no existe la prostitución infantil sino explotación sexual, en tanto que, como explica la Unicef, “el carácter de explotador está dado por el ejercicio sistemático del poder para doblegar la voluntad del otro a los efectos de que satisfaga sus intereses, en este caso de carácter sexual”.

 

El Mundo