Si Bogotá no se pellizca, en unos años esta será la provincia y no la capital. Nos quedaremos con el título, pero sin el derecho moral de Sostentarlo.

Razón tiene la provincia en su crítica del centralismo politico colombiano cuando observamos el largo camino que Medellín ha recorrido en diez años, sin las muletas del presupuesto nacional, las áridas confrontaciones ideológicas y la corrupción descarada que en cambio han caracterizado al gobierno de la capital.

Si tuviéramos que confrontar el desempeño de las dos principales ciudades de Colombia, deberíamos por decreto trasladar el Palacio Liévano y el enjambre de entidades que ni por teléfono se hablan al Valle de Aburrá, y que nos dejen a nosotros los bogotanos la consolación de las ciclovías dominicales, lo único en movilidad –con el TransMilenio a medias– que hemos sido capaces de inventar en cuarenta años.

Mientras aquí el debate se centra en la trascendental importancia de ampliar el horario de la rumba hasta las cinco de la mañana (¡por favor!), en Medellín los ciudadanos vieron desfilar hace unos días, sin aspavientos, otro de los varios resultados concretos del pago de sus impuestos: los primeros flamantes vagones de un metro liviano de superficie, el primero de América Latina. Por su lado, el metro ligero de Bogotá se reduce a unos bosquejos de photoshop que ya le han pasado millonaria factura a la ciudad.

Centro_de_Medellin-Colombia_(cropped)Medellín, uno; Bogotá, cero. A este paso vamos a terminar goleados como los brasileños y lo tenemos merecido. Hay que mirar a España para ver lo que sucede cuando las ciudades industriales y pujantes se cansan de la soberbia centralista, reducida a impávida recolectora de impuestos o a simple escenario de la politiquería nacional. Dios no lo quiera, pero de seguir así el divario entre nuestras dos ciudades será tan incolmable que los paisas empezarán a perder la paciencia con el letargo rolo y la politiquería decimonónica que todo lo contamina, respondiendo como Cataluña contra la rancia y voraz Castilla: lanzando un referéndum independentista.

Las elecciones presidenciales decretaron un binomio exitoso en las urnas que podría resultarle fatal a la ciudad: el del santismo y el petrismo. Por ahora, los protagonistas de esta jugada están inmóviles frente al tablero de ajedrez sin haberse sorteado si quiera las fichas blancas. Mientras este inmovilismo se ensaña contra Bogotá, mal haríamos en olvidarnos el mensaje de la ola opositora Zuluaga-Uribe y el clamor de la provincia, Antioquia en primera fila: señores, nuestra agenda no es la de Bogotá.

Entre otras, porque ¿cuál es la agenda de Bogotá? ¿Acaso tenemos una que vaya más allá de los eslóganes (‘Bogotá sin indiferencia’… ‘Bogotá positiva’… ‘Bogotá humana’) con los cuales cada cuatro años los alcaldes nos pintan sus programas? Medellín no necesita eslóganes, porque tiene una hoja de ruta que cada alcaldía se esmera por cumplir. No roba las primeras planas con anuncios sobre el horario extendido de las rumbas, el cierre del Bronx (¿en qué quedó eso?) o la descontaminación del río Bogotá. El tema fluvial, por ejemplo, es para ponerse a llorar de envidia: con presupuesto asignado, licitaciones andando y ciudadanos convocados, el río Medellín ya lo van a convertir en parque metropolitano. Cuatrocientas veinte hectáreas de goce puro, sostenibilidad, ambiente, movilidad, todo sin pedirle un peso a la capital y mientras aquí ni la Corte Constitucional logra destrabar el enredo de la cloaca a cielo abierto que llamamos río.

Si fuera factible, los bogotanos que pagamos impuestos deberíamos firmar para que se le entregue a Medellín el dinero que no hemos sido capaces de invertir en nuestra ciudad. Con esos billones engordando fiduciarias, los paisas harían de Medellín la mejor ciudad de América Latina.

Si Bogotá no se pellizca, en unos años esta será la provincia y no la capital. Nos quedaremos con el título, pero sin el derecho moral de ostentarlo. Toda Colombia merece más Medellines y menos Bogotás.

Camilo Ayerbe Posada


Fuente: El Tiempo = http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/mas-medellines-y-menos-bogotas/14287695