Vanguardist, una revista austriaca, sólo para hombres acaba de sacar una edición de 3.000 ejemplares, impresa con una mezcla de tinta y sangre de 3 donantes VIH+.  La revista viene empacada en una bolsa plástica, el lector tomará la decisión de romper la bolsa y leer la revista.  La idea:  Romper paradigmas y estigmas sobre el contacto con personas VIH+.  En el proyecto hay un colombiano involucrado:  Carlos Andrés Gómez.  Esta es la historia, contada por el periódico El Tiempo (Bogotá, Colombia, 2015)

“Esta revista se ha impreso con la sangre de personas VIH+. Ahora el asunto está en sus manos”, advierte en letras color granate la última portada de ‘Vangardist’, una publicación austriaca para hombres, y cuyo fundador y editor es Carlos Andrés Gómez, un colombiano emprendedor que se aventuró hace cinco años en el mundo editorial europeo.

Unos 18.000 ejemplares de la edición de mayo están a la venta en Austria y Alemania, y de estos, 3.000 tienen inscrita la advertencia y están cubiertos por una bolsa plástica sellada, que el lector decide si abrir o no, “si romper el sello y ayudar a romper el estigma o no”, aclara Carlos Andrés.

La lógica es tan poderosa como polémica: “Queremos resaltar el tema de la exclusión social a la que muchas personas con VIH positivo se enfrentan, simplemente porque con la enfermedad siguen activos todo tipo de miedos irracionales de infección, aunque es prácticamente imposible a través del contacto social ordinario”, planteó la publicación.

El plan: hallar a tres personas infectadas con el virus, con historias distintas unas de otras, conscientes de la esencial del proyecto y con disposición para donar sangre.

Su sangre se trataría en un laboratorio especializado en el que se descartaría cualquier posible riesgo de infección. Esta se mezclaría con tinta y, con ambas, se imprimirían ediciones especiales de la revista para cumplir una misión: romper los tabúes y la discriminación asociados con la enfermedad.

En un principio, la idea sonó descabellada e incluso riesgosa, pero en ‘Vangardist’ entendieron por qué lo que sonaba tan irracional cobraba sentido: “Cuando tocas esta revista te das cuenta de que no puede hacerte daño, al igual que tocar a cualquier persona con VIH tampoco lo hace. Esperamos que esta experiencia pueda, en el futuro, cambiar tu comportamiento, porque todavía hay muchos que no beben de la misma taza de café de una persona VIH positiva, y ni siquiera estrechan su mano”, sugirió ‘Vangardist’ a los lectores.

Los retos de imprimir ‘Vangardist’

Como era la primera vez que una revista se imprimía con sangre, con sangre de pacientes infectados por VIH, Carlos Andrés Gómez y Julian Wiehl, también fundador de la revista y actual director, no tenían una ruta o manual que les indicara qué hacer y a quién acudir.

Primero, había que encontrar un laboratorio dispuesto y capacitado para tratar la sangre de los donantes, de tal forma que se descartara cualquier posible riesgo de infección. Era evidente que, si bien el virus muere rápidamente al contacto con el ambiente, cualquier lector desprevenido, tal vez influenciado por los mitos que rondan sobre el VIH en el imaginario social, se iba a negar a tocar la revista sin un aval científico.

Sin embargo, la respuesta de muchos laboratorios fue negativa. Solo a través de “viejos amigos de la infancia”, finalmente lograron establecer contacto con la Universidad Médica de Innsbruck, en Austria, la misma que tiene a cargo el análisis genético que permitiría identificar en restos calcinados la identidad de los 43 estudiantes mexicanos desaparecidos en Ayotzinapa.

Dorothee Holm-von Laer, del departamento de Virología, y Bettina Großlercher, de la sección de Higiene, estuvieron en el proceso de esterilización de la sangre, llamado “esterilización en autoclave”, que consiste en llevar el líquido a temperaturas superiores a los 100 °C por medio de vapor de agua, acción que produce la coagulación de las proteínas de los microorganismos hasta su destrucción, y que para efectos del proyecto de ‘Vangardist’, permitiría la desaparición total del virus en la sangre donada por tres pacientes.

Luego de practicar otras pruebas para descartar cualquier tipo de virus distinto, el siguiente obstáculo fue hallar una imprenta dispuesta a que la sangre de personas infectadas con VIH entrara en contacto con sus máquinas. La respuesta fue predecible. Las grandes compañías rechazaron el proyecto de ‘Vangardist’, y fue solo en un último intento de búsqueda que Carlos y Julian encontraron respuesta.

Se trataba de Forum Donau Druck, un pequeño taller de impresión con el que ya habían trabajado. Aunque el propietario manifestó cierta resistencia en un comienzo, terminó por ofrecerse él mismo para hacer el trabajo en un largo turno de noche.

La idea era que la sangre de tres donantes seropositivos se mezclara conjuntamente y se instalara en las máquinas para inyectarlo en la tinta, instantes previos al momento de imprimir, con el fin de mejorar la visualización del color ‘sangre’.

Cuando lo “técnico” estuvo listo, el siguiente reto fue encontrar a los tres pacientes, decididos a contar su historia en una revista y convencidos de que había que retomar el debate público sobre cómo vencer la discriminación alrededor de la enfermedad y cómo buscar salidas científicas para erradicar el virus.

Tres pacientes dijeron “sí”

Por decisión editorial de ‘Vangardist’, los candidatos debían ser tres personajes con formas distintas de concebir su enfermedad. Uno de ellos tenía que haber tratado abiertamente su condición; otro, tomaría alientos con la idea de la revista para mostrar al mundo sus luchas, y para un tercero, la apertura continuaría siendo un desafío.

La búsqueda entre conocidos culminó el 9 de abril del 2015. Tres donantes dijeron sí a la propuesta de la revista.
Wyndham Mead, de 26 años, homosexual y nacido en California, Estados Unidos, fue el primero. Según contó a la publicación, fue diagnosticado en octubre del 2012 y un año más tarde perdió el miedo y compartió su historia “para iniciar diálogos, cambiar opiniones, aumentar el conocimiento y generar una transformación positiva en la gente”.

Va al trabajo, tiene grandes sueños y ser VIH positivo produjo un efecto inesperado en su vida: “Pienso en cuánto más felices seríamos todos si despertáramos cada día, y dijéramos: Gracias, vida, eres increíble”.