Retomamos este artículo escrito por Carlos Andrés Orlas, en las 2 Orillas sobre el servicio de urgencias en Policlínica Medellín, aunque consideramos en general que el servicio de urgencias en este país es igual en todas partes……

PoliclinicaLa ciudad que tanto se jacta de ser la cuna de la medicina colombiana, también sufre el mercantilismo de la salud que tiene a los colombianos padeciendo diariamente ante un sistema que no solo mata sino que tortura. Ir a una sala de urgencias es como asomarse al purgatorio de Dante y tener que recorrerlo durante horas hasta que el dolor aguante.

Es domingo de ramos y las calles de la ciudad amanecen lavadas por la santa lluvia. Mi amiga Manuela no aguanta un dolor de oídos y me ofrezco acompañarla a urgencias. Ella lo piensa pero al final decide que sí. Llegamos a las 8:30 AM, la entrada es fácil, cédula, nombre del acompañante y de la niña con la que vamos. Hay gotas de sangre fresca a la entrada del hospital. Primero se atraviesa un pasillo hasta llegar donde el médico.

Manuela no aguanta el dolor y la mandan para donde el médico otorrino. Mientras la gente padece fuertes dolores los médicos, enfermeras y camilleros hablan de la vida cotidiana: el partido de futbol, el desayuno, las anécdotas. Una enfermera ya en otra sala le pregunta a Manuela qué fue lo que le paso, -“¿se golpeó?”. –“No. Me duele mucho el oído y no aguanto”. Con esto la enfermera le informa al doctor que no se deja ver ni decide por lo menos ver a la paciente y con eso basta para que la dejen esperando una hora más.

Ante el dolor los únicos solidarios son los demás pacientes. Una señora va y le consigue a Manuela unos algodones con alcohol para que se los ponga en los oídos mientras tanto. Tocamos la puerta del consultorio del médico y está muy ocupado con otro caso. Manuela le pregunta a la enfermera qué hacer y ella la ignora, lo mismo hace otro doctor y así comienza la tortura.

La tortura no está dada por el dolor que se soporta sino por la indiferencia que se recibe por parte de los médicos, más aún cuando mensualmente se paga una parte del sueldo para “tener salud”. Nadie quiere ver a Manuela y la rebotan de una sala para la otra, a esperar, a que la miren como una mimada que no tiene urgencia de ser atendida.

Han pasado casi dos horas y ni una palabra de consuelo, ni una mínima atención, ni una sugerencia por parte de los médicos. Como no somos de pelear, nos salimos de la Policlinica rumbo a otro hospital donde atiendan a los cotizantes de Coomeva. Encontramos otro en el centro de la ciudad, la Clínica Medellín.

El mismo procedimiento. Espere para verificar que lo suyo sí sea una urgencia mediante un sistema de verificación que clasifica a los pacientes. En la espera media hora. Por fin llaman: “Manuela Guzmán”. Esta vez la médica da un paso más: revisarla, preguntarle y tomarle el pulso. Ni siquiera le reviso el oído, pues no encontró el dispositivo y de entrada diagnostica: “otitis por infección respiratoria”. Le recomienda unas pastillas para contrarrestar la infección, “aquí no la podemos atender, hasta luego”. Llegan las 11:00 AM y apenas una sugerencia médica, algo que se hubiera podido hacer llamando a un amigo.

Así le sucede a miles de personas a diario que tienen que ir a urgencias porque no queda de otra. Allí reciben un trato inhumano, los médicos son soberbios, parecen funcionarios al estilo nazi. Máquinas. Llenadores de planillas sin mirar a los ojos. Funcionales al sistema de salud que tortura y mata. Dios proteja a los que sufren de caer en el suplicio de las urgencias hospitalarias.

El artículo original lo encuentras en:  http://www.las2orillas.co/las-torturas-en-la-policlinica-de-medellin/