Se terminó el mundial de fútbol y la gran actuación de nuestra selección solo nos puede dejar enseñanzas.

En un país donde el sectarismo político y futbolero nos ha llevado a la tragedia, es hora de tomar nota de lo que estos 23 muchachos nos han dejado a manera de lección.

Durante la época mundialista, los colombianos encontramos un motivo al cual unirnos y empujar para el mismo lado como debería ser en todas las coyunturas nacionales. Pensar de manera colectiva y no individual. Por fin unidos por un fenómeno social de magnitud global, encontramos un desahogo a nuestras diferencias y todos, como colombianos, nos montamos en el mismo barco. Por fin adquirimos una conciencia colectiva, así fuera solo por unas cuantas semanas.

Tenemos que aprender de la familia deportiva que giró alrededor de nuestra selección de fútbol y nos llevó a una cohesión social pocas veces vista en nuestro país. Aquí, las enseñanzas que nos dejó el pasado Mundial de Brasil.

Solidaridad: fue conmovedor ver a estos muchachos dando su mayor esfuerzo y respaldando a sus compañeros, no solo dentro de la cancha sino también fuera de ella. Desde el discurso empleado en conferencias de prensa, hasta la actitud dentro del terreno de juego, se notaba el maravilloso equipo que lograron conformar. Como decían ellos mismos en sus declaraciones, “Somos una Familia”.

Trabajo en equipo: esfuerzos colectivos. Ir detrás de un objetivo, reconocernos como iguales y trabajar todos desde nuestro quehacer para sacar esta causa común, llamada Colombia, adelante.

Sentimiento patrio: me gustaría, por ejemplo, que nuestro corazón además de hincharse o afligirse con nuestros logros o fracasos deportivos, también se entristeciera con nuestras tragedias diarias, que en Colombia nos sobran. Me refiero a que con el mismo entusiasmo que vamos al fútbol, fuéramos a las urnas, a los debates, a las marchas, hiciéramos vigilancia responsable de lo que hacen o dejan de hacer nuestros dirigentes.

Conciencia colectiva: somos egoístas, nos cuesta ayudar a nuestro prójimo, muchas veces nuestra indignación llega hasta el teclado de nuestro computador y no trasciende en actos verdaderamente valiosos. Tampoco se puede generalizar en este punto, hay que ser conscientes de que muchos ciudadanos actúan apuntando al bien común, sin embargo, prima la actuación individual dónde primero yo, segundo yo y tercero yo. La conciencia colectiva resolvería muchos de nuestros problemas.

Construcción a largo plazo: nuestra sociedad, con una marcada herencia mafiosa, donde la presión social y familiar nos llevan a buscar el éxito inmediato, acolitando actos por fuera de la ley si las consecuencias no son tan grabes; la política del todo vale si nos lleva a cumplir el objetivo, hay que dejarla de lado. El éxito lleva tiempo, ya quedó demostrado con estos 23 hombres que se prepararon toda una vida para poder cumplir con creces un papel protagonista en la máxima cita orbital. Esfuerzos a largo plazo, construir con paciencia y persistencia.

Tomemos lo bueno de nuestros representantes deportivos y tratemos de replicarlo en nuestro entorno cercano, quizás así podamos ganar algún día el campeonato mundial de la vida digna.