Colombia pasó esta tarde en el estadio Metropolitano de Barranquilla del folclorismo de pensar que se golearía a Bolivia a ganar solo por la mínima diferencia, y con gol de penal, para continuar con la ilusión viva de clasificar al mundial de Rusia 2018.

Y es que el penal, cuando faltaba menos de 10 minutos para el final fue el descanso después de 79 minutos en el que no salían las cosas.

Paso de todo en ese instante:  penalti justo sobre Juan Guillermo Cuadrado, cobró James Rodríguez y atajó Carlos Lampe, pero en el rebote el ‘10’ no renunció la metió.

Un triunfo con menos que lo justo, un 1-0 apenas ahí, más luchado que otra cosa, pero al final tres puntos para no decir basta. No todavía. Faltó de todo, empezando por una noción de equipo. Pero el agónico triunfo tapó la carencia y en la cuenta hay tres puntos. Aún no es tiempo de llorar.

La felicidad en la primera etapa duró 20 minutos. La cancha se inclinó, literalmente, hacia el lado boliviano. Se fueron encima, a fuerza de centros de Armero y Cuadrado, se juntó James con Muriel y fue justamente el atlanticense el que los hizo jugar a todos. ¡Hasta logró coincidir con Bacca!

Así llegaron dos claras opciones: centro de Armero a Muriel, remate de frente al arco y el balón pegó en el palo (minuto 7); y en la primera salida de Uribe en ataque, pase de Macnelly en el área a su compañero de Nacional y el “¡Uuuyyy!” retumbó en el estadio por ese remate, que se fue a manos del arquero Lampe.

Pero pasó el tiempo y se llevó la intensidad. El juego se hizo espeso, el desborde de Cuadrado se desperdició al darle la tarea de marca en el lateral derecho y la carencia de circuitos ofensivos no se pudo resolver a pesar de la apuesta por dos creativos como James y Macnelly, quienes en su imprecisión terminaron entregándole a Muriel la obligación de ser el que llevara los hilos.

Y entonces apareció el infortunio: al minuto 32 el hombre de la Sampdoria se mandó la mano al muslo y no pudo más. El estadio entero coreaba su nombre, sabiendo que la ilusión estaba en sus pies, pero no fue suficiente. Se fue y lo reemplazó Luis Quiñones. O al menos esa era la idea.

La gente, en su sabiduría, levantó la voz para decirle al capitán: “¡Ubícate James!”; Y al improductivo Macnelly, el tipo al que le sobraba la cerveza, porque ni siquiera hacía calor, le soltó una advertencia: “¡Despierta Macnelly!

Al cierre de ese primer episodio, un lindo pase de James, con la sutileza de antaño, terminó en la cabeza de Cuadrado, quien no pudo acomodar el cuerpo y la mandó desviada. Y es que se perdió siempre Cuadrado en la izquierda, como se perdía antes de lateral derecho, innecesariamente desgastado en una tarea de marca que ni siquiera exige el rival.

La segunda etapa trajo una angustia que se sentía hasta la última silla de norte en el remodelado ‘Metro’. Y el rival, que ni siquiera reaccionaba en ataque y seguía en su apuesta de aguantar y aguantar, hacía más notoria la propia incapacidad colombiana de llegar al gol.

Entonces la gente se fue metiendo con su “¡si se puede!” y a la cancha llegó el aliento: apareció la más clara del partido, al minuto 18 del complemento: cabezazo de James que salvó Lampe y en el rebote se lo perdió Bacca. Un minuto después fue Macnelly el que la puso en la cabeza de Mina y el cabezazo fue al palo; y al 21, el tan criticado ‘Mac’ se animó de afuera y alcanzó a meter un susto con su remate pegado al palo.

Ya no era Bolivia el lío, era el reloj. Llegó Cardona y ya solo quedaban 15 minutos. Nadie pedía goleadas, solo ganar, ‘medio a cero’ al menos, como fuera, con lo que saliera.

Hasta que una falta contra Cuadrado en el área, promediando el minuto 36, abrió la puerta al feliz desenlace: cobró James, al 38, falló el primer remate y en el rebote logró el gol. No celebró con su sonrisa de comercial de TV porque era tanto el susto, suyo y de la gente, que apenas había espacio para creerse lo que pasaba.

Temblaba todo el Metropolitano, 35 mil almas que antes sufrían por el paso inclemente del tiempo y ahora suplicaban el final del partido. Alguien soltó un ‘ole’, pero pocos se lo creyeron.

Ganó Colombia, tres puntos y nada más. Mucho se sufrió en casa y no es ni la cuota inicial de lo que se padecerá en Quito. Hay que ahorrar angustia, que esto todavía no termina.