Si los propios paisas nos sentimos deslumbrados y encantados por las bellezas naturales y artificiales que encontramos en Guatapé, el Peñol, el embalse y su piedra, los turistas tanto de Colombia como del extranjero mucho más.

Y es que estos son destinos turísticos obligados en Antioquia tanto por su historia, sus maravillas y la hospitalidad de la gente, todo el que va queda con ganas de volver.

Pues en esta ocasión Pablo Bizón de el Diario el Clarín de Argentina, dedico todo un artículo para elogiar nuestros municipios. A continuación te dejamos un fragmento del artículo que escribieron y un enlace por si queres leerlo todo.

Clarin.com 10/02/16

Guatapé, pueblo de zócalos y colores.

A orillas de un pintoresco embalse, el poblado es famoso por su colorido y sus tradicionales fachadas, que retratan escenas de la historia y la vida cotidiana.

Setecientos treinta y ocho, setecientos treinta y nueve … ¡setecientos cuarenta! ¡Sí! El esfuerzo valió la pena: 740 escalones para trepar El Peñón, o como le dicen aquí más familiarmente, la piedra, al que un cartel en la ruta declara como “el mejor mirador del mundo”. No sé si será para tanto, pero la vista sí que es espectacular; desde estos más de 220 metros de altura se ve el pueblo nuevo de El Peñol por aquí cerca, un poco más lejos Guatapé, y todo alrededor, laderas verdes acompañadas por las aguas del embalse Peñol-Guatapé, uno de los mayores lagos artificiales de toda Colombia.

A casi 80 kilómetros de Medellín, en el corazón del departamento deAntioquia, Guatapé debería ser de visita casi obligatoria para quien ande rondando por el país de García Márquez. Pero no sólo por las vistas que regala este famoso peñón, sino especialmente por el bellísimo casco urbano del pueblo, con sus colores, historias y sabores.

Lo pienso mientras saboreo un glorioso sancocho de gallina mirando las orillas del lago, donde varias lanchas y catamaranes esperan como agazapados a los turistas de paso, y donde una tirolesa de 600 metros invita a volar sobre las aguas.

Imágenes que cuentan historias
El centro neurálgico de Guatapé es la plaza principal, frente a la cual se levanta la iglesia Nuestra Señora del Carmen, blanca y decorada con motivos colorados, un adelanto del verdadero tesoro que resguarda el pueblo. Porque si por algo es famoso Guatapé en todo Colombia es por ser “el pueblo de los zócalos”, por esos coloridos diseños que, en la base de casas y edificios, relatan historias de familias y de la comunidad. Se dice que los primeros zócalos artísticos fueron obra de don José María Parra Jiménez allá por 1919, quien comenzó retratando –en relieves de cemento, como son todos los zócalos– escenas cotidianas en el zaguán de su casa. De allí el arte pasó a la calle, de la calle a la plaza, y fue creciendo y sofisticándose, para convertirse en todo un orgullo paisa (los antioqueños, en Colombia, son los paisas).

Por eso hoy las casas y edificios de este colorido pueblo –pero colorido de verdad, ojo, con casas de todos los colores una al lado de la otra– lucen a sus pies escenas de la vida cotidiana o de la historia del lugar.

Hay desde figuras de arrieros o silleteros, flores y animales hasta simples motivos geométricos de inspiración española. Aquí vemos unos campesinos removiendo la tierra; en el siguiente, dos obreros cargan arena en un camión; más allá, un pastor lleva su rebaño de ovejas; por aquí un albañil levanta una pared, un zapatero martilla, unos caminantes se aprestan a trepar la piedra. Algunos son emotivos, otros más bien informativos, otros graciosos, como el que retrata a una familia llegando al pueblo a pasar unos días de fiesta.

Están los zócalos antiguos y también los modernos –como ese que retrata a un avión de Avianca en pleno vuelo–, porque la tradición fue traspasando generaciones y llegó al siglo XXI, aunque ahora no faltan algunas voces de alarma que advierten que esta forma de comunicación o narración amenaza con perderse.

Parte de la tradición original se recupera en la pintoresca Calle del Recuerdo, cuyo empedrado va cuesta arriba en la ladera, rodeado por coloridas casas con sus zócalos y carteles que explican los orígenes de esta práctica. Se recuperaron antes de que muchas casas quedaran bajo las aguas cuando se construyó la represa, en la década del 70.

Si queres leer el artículo completo entra a Guatapé, pueblo de zócalos y colores.

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Nota: Todas las fotos dentro del artículo, son extraídas del mismo artículo de el diario para conservar la idea del autor, excepto las de la portada.