Y es que el Metro no es solo un medio de transporte publico convencional. También sirve pa’ hacer turismo, conocer todo lo hermosa que hay en nuestra ciudad y es un destino turístico obligado pa’ los que visitan Medellín.

A continuación les dejaremos un artículo publicado  en el Periódico Nuestro METRO, aunque fue escrito hace un mes, vale la pena leerlo en cualquier época del año. Esperamos que les gusta al igual que a nosotros.

LA CIUDAD SE CONOCE EN EL METRO 

En enero, en la estación Acevedo, se  ven más caras alegres que de costumbre. Son personas que no tienen prisa por llegar al trabajo y no se ven atareadas  por los afanes del día. Son turistas que vienen de paseo a conocer el cable de Santo Domingo o que quieren relajarse y pasar un rato en contacto con la naturaleza en el Parque Arví.

Por eso en los primeros días de enero, es común encontrar a muchos viajeros con ese traje habitual de turista de tierra caliente: gafas de sol, bermudas, sombreros y gorras para protegerse de las radiaciones ultravioleta. No es difícil ver que algunos llevan una canasta de picnic con deliciosas preparaciones que tienen el inconfundible sabor a paseo.

Muchos turistas vienen de la zona andina, como la pareja de esposos conformada por Nubia Alcira Jiménez y Alirio Alvarado. Son de Tunja y tienen una oficina inmobiliaria. Llevan más de 20 años de casados. Visitaron Medellín por primera vez y aunque solo llevan dos días aquí, ya se muestran maravillados con el Metro.

Para Alirio, llegar en cable al parque Arví, fue una experiencia casi extrasensorial. “Me sentí como llegando a la atmósfera extraterrestre” bromea. Ya en tono más serio, asegura que se ha sentido muy bien en la ciudad por su organización y su buen sistema de transporte público. No pudieron ponerse de acuerdo en cuántos años llevan de casados, Nubia asegura que 23 y Alirio dice que son 22. En lo que sí coincidieron es en el buen servicio y la amabilidad del personal Metro, que hizo que su
estadía en Arví y sus recorridos por el Sistema, fueran agradables y tranquilos.

A algunos su paso por el Metro les recordó épocas pasadas. Eso le sucedió a María Clemencia Mejía, que vino desde Bogotá para visitar a sus amigos de la Iglesia de Cristo Internacional y aprovechó para conocer Arví con Hugo Graciano, uno de sus amigos de esta iglesia que hizo las veces de anfitrión por ser local. Clemencia, que estuvo casada con un coreano y vivió en ese país, se acordó del Metro de Corea apenas pisó el de Medellín. “Era todo muy organizado y limpio. Cuando vi este Metro me transporté a los años en que viví en Corea del Sur, trabajaba como profesora”.

El sueño de conocer Medellín se cumplió, le habían dicho que en el metrocable podía disfrutar de la vista más hermosa de Medellín, y lo que vió no la decepcionó. Verdes montañas, un puñado de edificios altos en el centro, construcciones llamativas en el nuevo norte y puñados de verde que alejan la monotonía del gris del concreto.

Vienen de muy lejos
Otros, como Julie Egberts, vienen con otros propósitos diferentes al turismo. Julie es enfermera, vive en París y llegó hace varios meses a Colombia para hacer un voluntariado. Trabaja con niños en la parte alta de Santo Domingo Savio. Está tan contenta en Medellín, que quisiera quedarse en la ciudad por un buen tiempo, por eso está buscando trabajo. Lo que más le gusta de la ciudad es que la gente es amable y alegre. “La gente acá es más feliz que en Europa, creo que es porque hay más sol”, explica.

Ese día el cielo en Medellín brilló con intensidad, quizás para darle la razón a esta francesa que recaló en el Valle de Aburrá gracias a un sacerdote colombiano que conoció en su país y que le contó de las bondades de la ciudad. Todo esto lo cuenta en un español que le permite hacerse entender fácilmente. Desde que llegó usa la Línea 1 de buses, el metro y el metrocable para llegar a su voluntariado.

Rose, con un gran morral y unos shorts, vino con su novio desde Amsterdam. Están de paseo por Colombia. Ya visitaron Bogotá y recién llegaron a Medellín. Les habían comentado que era un lugar grande y bonito. Mientras hacen la fila para ingresar a la línea K, observan con atención las cabinas que suben la montaña una tras otra, en lo que parece un carrusel interminable de caballitos blancos. Esperan ansiosos su llegada a Arví, donde se encontrarán con unos amigos, uno de ellos colombiano. Saben muy poco de Medellín, pero por lo poco que alcanzaron a ver, les ha parecido muy organizada, más que Bogotá.

Para ellos, es su primer viaje en metrocable, ese que como a miles de turistas, los llevará al encuentro con el verde, la tranquilidad y la amabilidad propia de una ciudad que recibe a sus turistas con los brazos abiertos.