Su nombre es José. El brazo derecho a mitad de camino, la cara inflada en un costado y escurrida en el otro. En junio de 2014 lo coronaron como el cuarto rey nacional de los feos y, a diferencia de su antecesor, no prometió seguir siendo feo. Lo único que dijo cuando lo coronaron fue: “gracias gente de Marinilla”.  O algo así, porque uno de los presentadores del evento sirvió de traductor de sus palabras.

Arribó a Marinilla desde Puerto Boyacá. En un principio creía que lo llevaban a un concurso de baile, pero luego se dio cuenta que asistía a un reinado de feos, y aun así aceptó porque su sueño –o uno de tantos- era conseguir plata para montar su chaza de dulces.

En el transcurso del reinado supo que el ganador recibiría televisor, licuadora, celular, millón y medio de pesos y un viaje a Cartagena para dos personas. Lo cierto de todo este relato es que casi todos los premios se los robaron la semana siguiente de salir airoso entre 17 candidatos. Pasa, que al ver un televisor se larga a llorar y al estar sin una moneda se sume en el desespero.

Rey_feoSin premios y mendigando en la calle José llegó hasta Puerto Berrío, en donde conocidos le brindaron lecho y comida. En poco tiempo lo embargó un sinfín de infecciones y un problema en la próstata, que hoy lo obliga a tener una sonda para orinar. Regresó a Medellín en busca de la familia que lo hizo parte de la suya por más de tres lustros. Y lo recibieron de nuevo. Es allí en donde se lamentaba hasta hace poco de su suerte: de la sonda, del reinado y de los premios que nunca disfrutó.

A pesar de todo, lo único que no pudieron robarle fue el viaje a Cartagena. Un par de personas aseguró al patrocinador del viaje –Camilo Alexander Ramírez, de la agencia Viajes, sueños y aventuras– que al rey le habían robado sus premios y que ya no tenía dinero para ir desde Puerto Boyacá hasta el aeropuerto José María Córdova, entonces que ellos podrían recibir el paseo para que no se perdiera. No lograron cobrar lo que no era suyo.

En los últimos dos meses Camilo Alexander Ramírez admitió que otras personas intentaron quedarse con el viaje de José. A pesar del tiempo transcurrido aseguró que cumpliría con su palabra: entregar el premio. Es por eso que José, conocido como Carepulido, viajará a Cartagena este martes 3 de marzo. Si bien tiene los tiquetes de ida y vuelta, la alimentación y el alojamiento, hizo una rifa para recoger fondos y así contar con algo de dinero para cuando esté frente al mar.

José está feliz y disfruta su suerte: Creía que nunca viajaría en avión y que su único consuelo sería verlos desde abajo. Creía, digo, que el mar solo lo vería por televisión. Y no. Su sueño –uno de tantos- se cumplirá al lado de una mujer que lo recogió de la calle hace casi dos décadas y que lo hizo parte de su familia aun cuando ya había conformado una con su esposo y una hija.

Siempre hay una primera vez: a sus 55 años, José de Jesús Villa Bedoya viajará en avión y conocerá el mar.

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