Otro caso de discriminación se vivió en pasados días en un colegio del país: esta vez en contra de un alumno que pidió respeto a su decisión de no creer.

Habrá que recordarle a los colombianos, que colombianos somos todos y tenemos los mismos derechos sin importar nuestras creencias religiosas o nuestros gustos sexuales. El año pasado vivimos una tragedia con el suicidio del joven Sergio David Urrego Reyes, quien decidió quitarse la vida tras ser víctima de acoso por parte de sus compañeros, directivas del colegio -católico-, y hasta por el propio padre de su novio. Sí, de su novio: Sergio era gay y además colombiano. Ésa fue su gran desgracia, haber nacido en este país insulso y rezandero.

Como en el caso de Sergio, estuvimos a punto de asistir a otra tragedia similar, esta vez por culpa de la discriminación y la falta de respeto hacia otras formas de ver la vida. Es el caso de la familia Ariza Ardila, que tuvo que llegar, incluso, a instancias judiciales para que se supiera de las agresiones en contra de su hija menor por el simple hecho que su padre le hubiera solicitado a una de sus profesoras que la apartara de la clase de religión. Los demandantes señalan que la menor fue apartada y que el acoso fue tal que en un momento la menor le dijo a su padre que pensaba suicidarse “porque nadie la quería”. Lo que hizo que sus padres la retiraran de ese centro educativo. Ahora la menor y su hermana se encuentran a la espera de un cupo en un colegio distrital y mientras tanto estudian en casa. Ni la Secretaría de Educación, ni el Ministerio de Educación han hecho algo al respecto.

En este caso, los padres de familia pudieron actuar con prontitud y evitar que su hija tomara una decisión lamentable. Pero el problema no acaba aquí. Vivimos en una sociedad poco educada, y por lo tanto poco reflexiva. La iglesia católica, institución detestable que ha sido la causante de algunas de las más grandes vejaciones en la historia de la humanidad, funge como representante de la moral y del bien, y tiene la no despreciable cantidad de 1800 millones de seguidores, todos equivocados.

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Pero no voy a entrar en esa discusión en estos párrafos, al fin y al cabo cada uno es libre de equivocarse como bien le parezca. Lo que si cabe recordar, es que Colombia es un país laico, constitucionalmente laico, hay libertad de culto y uno bien puede creer en lo que le salga de los cojones. Ni las leyes ni la moral son propiedad de la iglesia católica, que históricamente sólo estaría condena a desaparecer si viviéramos en un mundo sensato. Pero sensatez es lo que menos se ve por estas calles que transitamos.

Sólo pido respeto, si no les alcanza, entonces pido tolerancia. Yo, por ejemplo, he aprendido a vivir rodeado de creyentes que dejan a la suerte de Dios su mediocridad, que fungen de buenitos yendo a misa todos los domingos, cuando el sábado se van de putas. Que juzgan y señalan y condenan, como todo poderoso, a los que actúan y piensan diferente; pues aguanten de su propia medicina. Yo por lo pronto sólo llegaré hasta este punto de decir lo que creo, sería incapaz de pensar ni siquiera en crucifixiones, cruzadas, inquisiciones, quema de libros, pederastia y un montón de etc., eso se los dejo a ustedes, católicos, que tienen que encontrar la manera de resolver sus problemas.

Por último, les pido que no den clases de moral ni de comportamiento, sus acciones no los respaldan. También les pido que dejen en paz al resto de la humanidad, que sin duda hemos hecho mucho menos daño al colectivo que todos ustedes. ¡Tolerancia! Y recordemos que este país es de todos, ateos  incluidos.

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