Aquella barriada que naciera en los 20, y que se convirtiera en la cara de la opulencia de Medellín, es hoy un nido de ratas, putas e indigencia. Prado, pasó de ser el barrio de los ricos, al abandono histórico.

Prado, fue la zona residencial donde la élite de la ciudad construiría lujosas casonas sin un estilo definido, eso sí, todos importados de Europa. El barrio creció como un ejemplo de opulencia. Se construyeron amplias calles, antejardines que adornaban el vecindario con sus árboles y flores. Fue -o es si damos muestras de nostalgia- reconocido por su inigualable arquitectura que surgió en Medellín hasta la década de los 50.

Se responsabiliza de su creación a un hombre: Ricardo Olano, precursor de la modernidad en Medellín. Cuenta la historia que Ricardo, quedó conmovido con la belleza que exponía el grandioso barrio Prado en la ciudad de Baranquilla, aquel sitio que era lugar de residencia de emigrantes enriquecidos tras aprovechar los beneficios del comercio marítimo que empujaba la economía de la época, y tuvo que importar la idea a Medellín. Desde ese entonces, los hombres más ricos de la región, hacían conocer su fortuna exponiendo sus grandes residencias: lujos arquitectónicos copiados de alguna fotografía que traían de sus viajes por Europa.

El barrio creció como una extensión del sector del Parque Bolívar, por eso al principio no se construyeron ni parques ni iglesias. Pero vino la modernidad con sus grandes avenidas y la poca movilidad para los peatones, y al barrio, el parque le quedo muy lejos. El centro poco a poco se fue engullendo la zona residencial y sus habitantes decidieron emigrar.

Hoy, y a pesar de ser declarado patrimonio de la ciudad como el último vestigio arquitectónico que sobrevive al paso del tiempo, Prado se ha convertido en un lugar abandonado donde los ladrones y las putas hacen su festín, y don de sus aceras sirven de cama a muchos vagabundos de la ciudad.

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Muchas de sus casas pasaron a ser propiedad de centros médicos y colectivos artísticos. Entre los lugares más destacados podemos encontrar al Teatro Prado de la corporación Águila Descalza, la Casa Tres Patios, La Casa del Teatro, Teatro El Tablado, La Academia Rembrand, Colibrí Sur y La Escuela Ballet Folklórico de Antioquia.

Esta toma por parte de los artistas de la ciudad, nos deja la certeza de que va haber alguien dispuesto a dar la batalla para que el barrio siga en pie conservando todo su valor histórico, aunque el abandono, al pasear por sus calles, se hace evidente.

Hoy recordamos, lastimosamente con nostalgia, aquel sector que supo representar la grandeza de la Medellín de principios del siglo pasado. Caminar sus calles hará bien a la memoria, y esperamos también a la resistencia por conservar el último patrimonio histórico de Medellín que, a fuerza de deterioro, supo ganarle la guerra a al modernidad.