En menos de 50 días podrían eclosionar los siete huevos que puso una serpiente verrugosa el 19 de enero en un pequeño vivario del barrio Prado de Medellín.

Su nacimiento se aguarda con la expectativa de un milagro, ya que esta especie, la ‘Lachesis acrochorda’, no solo es la víbora más grande del mundo y una de las tres más venenosas de Colombia, sino que desde hace dos años no había registro oficial de su reproducción en serpentarios del país.

Sergio Cubides, biólogo y guardián de esta madre en el Serpentario de la Universidad de Antioquia, dice que la población de las verrugosas está amenazada por varios factores.

Uno, que sus periodos de reproducción y el número de sus crías es significativamente menor respecto a otras especies. La ‘Lachesis’ puede tardar hasta tres años en tener nuevas crías y su tiempo de aovar alcanza los tres meses.

El otro es el estigma que pesa sobre ellas en zonas rurales. En Caquetá, Amazonas, Putumayo, Cauca, Tolima, Chocó y el occidente de Antioquia, donde suele encontrarse, las atacan con machete y escopeta, porque según la creencia popular, las verrugosas persiguen a las personas para atacarlas, las esperan amenazantes debajo de las escaleras, transmiten enfermedades tropicales con su mordedura y son extremadamente agresivas, aunque para Cubides esos solo son mitos.

Según ha observado, su comportamiento es de los más pasivos entre los 210 reptiles que conservan, alimentan y estudian en su laboratorio. De hecho, los accidentes por las verrugosas en el país son pocos (en Antioquia hubo tres en el último año y medio), pero tiene las mayores cifras de afectación y de mortalidad por la toxicidad de su veneno.

De hecho, añade el experto, cuando normalmente se requieren de cuatro a seis ampolletas de suero antiofídico para controlar una mordedura de serpiente, para esta especie se necesitan 10 o 12 como mínimo.

Por último, el biólogo llama la atención en cuanto a que la alteración de ecosistemas boscosos aumenta de manera particular su riesgo. Según cuenta, la susceptibilidad a cualquier cambio o situación de estrés afecta el sistema inmunológico de estas víboras, aumenta su carga parasitaria y al final de esta cadena mortal para su supervivencia, inhibe su reproducción.

El guardián de las víboras

Sergio Cubides, nacido y formado en los montes del Caquetá, toma con una naturalidad pasmosa a otras dos verrugosas que conviven con la madre en el vivario. Una década de experiencia con serpientes le han forjado el valor y han fortalecido su detallado conocimiento sobre el comportamiento de estos reptiles.

Incluso, el recuerdo de una mordedura de otra especie de víbora llamada popularmente ‘patoca’ en octubre de 2014 no le impidió continuar su trabajo, en el que, reconoce, se juega la vida todos los días.

A Cubides le llama profundamente la atención la ‘Lachesis’, no solo porque tiene a cargo observar, medir y pesar a la madre novata del Serpentario, sino porque sus características son cautivadoras.

Las verrugosas son las únicas víboras de Colombia que ponen huevos. El resto, anota el experto, tienen a sus crías en la barriga.

MARIANA ESCOBAR ROLDÁN
Redactora de EL TIEMPO
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